¿Cuál debe ser el esfuerzo de lxs aliadxs en la búsqueda del placer? & ¿Cómo aportar a la igualdad de género en un contexto pre-electoral?

Juan Francisco Luzón Cedeño.

Cuando me invitaron a escribir en esta revista, sentí un poco de temor; no porque me resultan ajenas sus consignas o ideas, no, todo lo contrario. Más bien, no creí que este espacio tan importante que lucha por el reconocimiento y el derecho del placer sexual femenino, tenga cabida para voces de hombres que de una u otra forma han querido colaborar en lo mismo, en la revolución feminista.

Hace algunos años mi papel como ciudadano ha venido cambiando y repensándose, más de afuera para adentro, que al revés. Nadie te asegura que el proceso es fácil; todo lo contrario. En los encuentros en las calles y en las lecturas por las noches, te das cuenta de algunas cosas: una de esas es que por decencia nosotros los hombres debemos aprender a escuchar antes de opinar, más aún, cuando el tema sólo aborda problemáticas que les conciernen netamente a ellas. Es difícil, lo sé, pero no imposible.

Por estas y más razones, aplaudo el gesto de incluir a lxs aliadxs del movimiento a estos proyectos. Aunque se que este tema es controversial, mi postura es súper clara, nuestro papel es y debe ser secundario y, antes que nada, debemos consultarles a ellas, más aún, si ejerces un cargo público. Debo ser sincero y luego de estudiar en un colegio jesuita y otro militar, no te dan ganas de seguir legitimando al status quo. Por suerte, o por quién sabe por  qué, mis posturas en estos temas los tuve claro desde mi adolescencia, sin embargo, el camino es largo y, asimismo, satisfactorio.

Es lamentable crecer en sistemas patriarcales, dónde evidentemente son más oprimidas las mujeres, por eso es nuestra responsabilidad -en nuestro proceso de deconstrucción- reconocer que nosotros también somos víctimas del machismo. ¿Cuántas veces no se me dijo que no podía llorar por tener pene? ¿En cuántas ocasiones vi a mis compañeras cuestionar a su religión, ya que por el simple hecho de ser mujeres no pueden ser sacerdotisas? ¿Cuántas veces vi celebrar la “sexualidad temprana” de mis amigos, mientras que, al mismo tiempo, se juzgaba la honra de mis amigas por hacer exactamente lo mismo? Creo que las vivencias que he descrito no han de ser tan distintas de las personas que están leyendo esto. Por eso mismo, tenemos que abanderar la Educación Sexual Integral, porque no podemos seguir educando jóvenes reprimidxs de sus emociones, culpándose de sus deseos, o aún peor, sintiéndose deshonestxs con ellxs mismxs.  

Sin lugar a dudas, una de las tantas enseñanzas que nos deja el coronavirus, es que primero hay que informarse antes de accionar. No sé si recuerden, pero la OMS a inicios de lo que se conoce como pandemia, dijo que no eran necesarias las mascarillas. Hoy es la ordenanza, requisito o norma, más utilizada y científicamente comprobada como la más efectiva alrededor del mundo. Quizás, sólo como probabilidad, deberíamos nosotros los hombres interiorizar esta experiencia en la cama, y no, no digo que tengamos sexo con mascarilla como lo sugirió una asociación de médicos en Canadá, infiero que, a lo mejor, nuestras parejas sexuales obtendrían mayor placer -y por qué no, nosotros también-, si escucháramos más y nos “desenfrenáramos” menos. He ahí la maravilla de la comunicación efectiva transversal y horizontal; porque no, lamento desilusionarlos, el “sexo que nos muestra el porno” sólo existe en sus pantallas. 

Para no cansarles tanto, quiero compartirles una definición de placer sexual que concluyeron, luego de un estudio cualitativo, unxs psicólogxs en México. Ellxs establecen a este concepto como la percepción de disfrute, diversión, goce y/o satisfacción a partir de la activación de respuestas fisiológicas como el deseo, la excitación y el orgasmo provocados por la estimulación directa del cuerpo y específicamente de los genitales predominantemente por medio de caricias, besos, masturbación o coito, compartidos en la mayoría de las ocasiones dentro de una relación de confianza, seguridad, amor e intimidad con una o varias personas (Trejo & Díaz, 2017). Es decir, ¿en donde dice aquí que el placer es única y exclusivamente para los ONVRES?

Me apena muchísimo ver a candidatxs con mapas mentales básicos, retrógrados y curuchupistas, es inaudito ver cómo los extremos se hacen más atractivos en estos tiempos electorales. Yo, sinceramente, no puedo asimilar que los mismos que se oponen a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, hoy nos quieran vender la idea que con clases de CÍVICA, la violencia de género y la corrupción desaparecerá. Pensar en el bienestar de niños, niñas y adolescentes, no sólo es salir a las calles con carteles de “Con Mis Hijos No Te Metas”, más bien pienso que es lo opuesto, significa respetar la integridad de cada unx de ellxs y creer que la información a través de una Educación Sexual Integral es la mejor herramienta para dignificar su autonomía y responsabilidad. Pero claro, eso no vende en campaña.

Finalmente, estoy convencido que la sociedad civil, así como lxs candidatxs para las elecciones del 2021 tienen que ser más empáticxs. De nada nos sirve sólo exigir honestidad y capacidad -que son o deberían ser características elementales- para nuestros servidores públicos, sino también, que puedan entender los problemas que nos rodean de una forma mucho más general. Es despreciable que hasta el día de hoy los gobiernos, el legislativo y la función judicial no hayan despenalizado el aborto cuando una mujer es víctima de una violación sexual, peor aún, cuando en promedio nacen 7 niñxs al día en ese contexto abominable. Ya no se puede tolerar a autoridades negligentes ni inhumanas. Hoy más que nunca nuestro voto o nuestra posición frente a estos temas, se tornan importantísimos, no se puede mirar para otro lado cuando estas personas viven en círculos extremadamente violentos y empobrecidos. No podemos ser cómplices de estas realidades que frustran, duelen y matan. Es hora de que nuestrxs representantes entiendan que la discusión trasciende del “debería pasar o no” porque estas YA EXISTEN. Enfocarse en las soluciones para tratar de mejorar la vida de la gente es el destino, no juzgarlas para caer en una superioridad moral absurda.

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