Nos merecemos lo que damos

Rita Cash, estudiante española en Interpretación y Traducción de Idiomas y Relaciones Internacionales de la Universidad Alfonso X el Sabio, Madrid.

Últimamente, sobretodo desde que estoy en mi último año de carrera, puedo ver cómo poco a poco empiezo a tener una nueva visión de la vida, o al menos una un poco distinta de la que solía tener. ¿Es normal?, la respuesta es sí. Es normal padecer esta “crisis del fin de carrera”: hemos cumplido una meta que al principio parecía inalcanzable y aquí estamos, saliendo al mundo laboral sin tener ni idea siquiera de lo que queremos hacer exactamente con nuestras vidas y de cómo hacer para entrar en este otro mundo. En resumen: una nueva etapa. Sin embargo, no es este aspecto en concreto lo que realmente me preocupa.

Por supuesto, todo este tema no se para de comentar entre amigos, familia y otras personas con las que realmente consideras importantes compartir este tipo de pensamientos que no paran de bombardearte la cabeza día sí y día también. Es curioso que después de cuestionarte mil cosas, hay una de ellas que parece ser que tiene más importancia que el resto: PAREJA, PAREJA Y PAREJA. Más interesante todavía es que esta cuestión a nivel general se la suelen preguntar muchas más mujeres que hombres. Con esto no quiero decir que no haya muchos hombres que se planteen esta idea, sino que el porcentaje de mujeres que si lo hacen es bastante superior. Me considero una persona bastante objetiva y con los pies en el suelo (el 95% de las veces) y creo que este hecho no es casualidad. Por supuesto, de este tema se ha hablado millones de veces, estamos HARTOS de hablar de este tipo de cosas… pero más harta estoy yo de que siempre se analice este problema desde el mismo punto de vista y no se hayan cuestionado otros que, si me lo permitís, me parece que tienen mucha más importancia y que son la raíz del problema. La mayoría de las personas lo enfocan desde el punto de vista de que las mujeres siempre han tenido una gran presión por estar en una relación seria, casarse o tener algún tipo de vínculo sentimental que implique un compromiso y, una vez que logran esto, sus vidas están completamente realizadas. No pretendo negar todas estas afirmaciones porque, efectivamente, esto ha ocurrido en mayor medida muchos años atrás y, por desgracia, muchas mujeres han arrastrado este tipo de pensamiento como si de un saco de lastre se tratara hasta la actualidad. Siempre he pensado que había algo mucho más profundo detrás de todo esto, que se trataba de un factor individual y no algo tan “superficial”: AMOR PROPIO e INDEPENDENCIA EMOCIONAL.

Como bien define el propio diccionario“el amor propio es el reflejo de cómo es la relación y los sentimientos que tenemos por nosotros mismos, hacia nuestro físico, personalidad, carácter, actitudes y comportamientos.
Por norma general, las mujeres por naturaleza tendemos a preocuparnos más por la persona que tenemos en frente más que por nosotras mismas. Esto lleva a dos perspectivas: por un lado, la propia virtud de ser atentas y cuidadosas con los que nos rodean; y por otro, la fina línea de la vulnerabilidad. Muchas de nosotras, y por supuesto me incluyo a mí misma, nos hemos visto en situaciones donde sabíamos que la persona con la que estábamos no nos daba ni siquiera la mitad de lo que nosotras dábamos por ella… Y TODAVÍA SEGUÍAMOS AHÍ. Mi pregunta es ¿por qué nos empeñamos muchas veces en seguir AHÍ cuando somos totalmente conscientes de que nos merecemos mucho más de lo que nos dan a cambio?

Os pongo un ejemplo de algo que me pasó a mi hace unos años: empezaba la universidad y poco tiempo después conocí a alguien. Ese alguien al principio parecía ser bastante normal, nos conocimos en un bar y poco tiempo después, volvimos a vernos a solas y quedamos para tomarnos unas cervezas. Cada vez quedábamos para vernos con mas frecuencia hasta que llegó un punto en el que realmente disfrutábamos el uno de la compañía del otro y decidimos llevarlo a tener algo serio. Pasaron unos meses y yo empezaba a ver cosas que no me gustaban nada: comentarios completamente fuera de lugar, agresividad, celos, envidias… estuve un tiempo sin saber por qué yo misma consentía todo ese tipo de situaciones hasta que un día lo entendí. Tenía que ver mucho el cómo me sentía yo conmigo misma, la poca autoestima que tenía y la dependencia emocional que sentía en aquel momento. Ahora que aprendí del error y sé al cien por cien lo que valgo, tengo claro a qué tipo de persona quiero en mi vida y a cuáles no, a saber distinguir lo que puede ser un mal día de una persona de un constante maltrato psicológico.

En resumen, tener pareja o no tenerla no nos define como persona, no define nuestro éxito en la vida ni si somos más o menos soportables. Nosotras mismas con nuestras elecciones y nuestro trabajo en la vida nos definimos. Cuando una está contenta consigo misma no siente que tenga que necesitar a otra persona para juntar la parte que le falta. Para mi gusto, una relación tiene que ser como unos pendientes: algo que se quite y se ponga con facilidad según nos apetezca llevarlos o no.

Artículos recomendados

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *