¿Y si los hombres también luchamos?

Sebastián Palacios, quiteño, deportista, luchador y asambleísta.

Se acerca el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y  nos preguntamos ¿qué tanto hemos avanzado como país? Pues no mucho, lo cierto es que Ecuador  debe esperar todavía 200 años para cerrar la brecha de género, para que vivamos en un país con  igualdad de oportunidades y derechos.  

¿Estamos dispuestos a esperar tanto?  

Imaginemos por un segundo, vivir en un país donde hombres y mujeres ganemos el mismo sueldo si  hacemos el mismo trabajo, donde nos vistamos como queramos, sin temer que en la calle nos  silben, nos acosen, nos toquen… donde las mujeres puedan tomar libremente decisiones sobre su  cuerpo al igual que los hombres… donde el tiempo destinado al cuidado de los hijos sea similar  para padres y madres, donde las tareas del hogar sean divididas por igual, donde una mujer pueda  llevar cabello corto y ropa floja y no la llamen machona, o un hombre pueda depilarse las cejas y  vestirse de rosado, sin que le etiqueten como afeminado; donde nuestros niños puedan llorar con  libertad y nuestras niñas jueguen al fútbol… Un país sin estereotipos de género, que no condicione  a los hombres a ser fuertes, proveedores, “machos” … y a las mujeres a ocuparse del hogar, ser  delicadas, frágiles, “femeninas” …  

¿Estamos dispuestos a esperar tanto? 

Resulta que la única forma de reducir esos 200 años es comprometiéndonos todos a trabajar por  ello. Sí, dejar de creer que lucha por los derechos de las mujeres es solo de mujeres. Entender que  esa lucha es de la sociedad. Y por supuesto, los hombres somos parte de esta.  

Para reducir esos 200 años, debemos deconstruir traumas, sesgos, estereotipos con los que hemos  crecido; debemos dar el ejemplo en todo momento, debemos tratar a todos por igual, debemos ser  empáticos (ponerse en los pies de las otras personas), debemos entender y compartir el concepto del  feminismo, debemos promover la igualdad de oportunidades y derechos entre hombres y mujeres:  debemos dejar de ser machistas.  

Unirnos a esta lucha implica comprometernos a cambiar y actuar. No basta con “ayudar” en la casa,  que, por cierto, no es ayuda, es una responsabilidad compartida; no basta con decir que “yo respeto  a las mujeres” y al instante compartir un video sexual no consentido de una mujer; no basta con  sentirte orgulloso porque nunca has agredido a una mujer físicamente, si acosas en la calle, en el  bus o tu trabajo a una mujer que lleva puesta una falda. No basta con decir que te opones a la  violencia contra la mujer, si cuando ocurre una violación lo primero que te preguntas es ¿cómo  habrá estado vestida? No es suficiente decir que apoyas al feminismo, si cuando estás con tus  amigos las llamas “feminazis”. El cambio lo debemos hacer desde muy adentro, desde nuestra  forma de pensar, actuar y decir las cosas. Y se debe ver reflejado en cada actividad que  desarrollamos, en cada ámbito en el que nos desenvolvemos: en nuestro trabajo, universidad, grupo  de amigos, deporte, en la calle, en nuestras redes sociales, y por supuesto en nuestro hogar.  

Dejemos de silbar o gritar un piropo a una mujer que no conocemos. ¿En serio creemos que se va a  dar la vuelta y nos va a invitar a salir después de este acoso? Dejemos de creer que tu compañera de  clase saca mejores calificaciones que tú por cómo se ve, como se viste o porque “seguro le coqueteó  al profesor”. Dejemos de preguntar a una mujer en una entrevista laboral sobre su edad, su estado 

civil, o si piensa tener hijos, como para “medir” su productividad. Dejemos eso atrás y unámonos a  la lucha. 

Qué tal si regresas a ver a tu madre, hija, hermana, pareja… ¿Sabías que, si no cambiamos nuestra  realidad, en cualquier momento, ellas podrían ser víctimas de violencia física, sicológica, sexual,  patrimonial? 

¿Estamos dispuestos a esperar tanto? 

Tomémonos en serio esto y trabajemos todos los días por dejar atrás prácticas, comentarios,  actitudes machistas. Normalicemos la igualdad y el respeto y desnormalicemos el machismo y  sexismo. Borremos de nuestro léxico frases como: “seguro estás en tus días”, “la ascendieron,  seguro se acostó con el jefe”, “así nunca vas a conseguir marido”, “si no tienes hijos, no te  desarrollas como mujer”, “tienes que ser más femenina” … No digo que sea fácil porque muchos  crecimos escuchando esas frases a diario, pero sí se puede si nos comprometemos en serio.  ¡Dejemos de una vez por todas de replicar prácticas machistas y rechacémoslas cuando las  escuchemos o las miremos!  

Abrazar a tus amigos no te hace menos hombre, que tu pareja gane más que tú, tampoco; ponerle un  alto a una conversación machista no te hace aburrido, y llorar solo te hace más humano. Luchar por  los derechos de las mujeres es nuestra responsabilidad y obligación. Si nos unimos, esos 200 años  seguro serán menos y terminaremos ganando todos. ¡No esperemos más y únete a la lucha!

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