¡Que difícil es reconocer tu propio placer!

Evelyn Moncada. Feminista, defensora de los animales, Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

¡Que difícil es reconocer tu propio placer! Más aún al ser criada en una sociedad católica y machista que te juzga por cualquier mínima acción o pensamiento fuera de lo establecido como “normal”. Hace que tu cuerpo ya no te pertenezca. Lo convierte en una prohibición. Por ejemplo, el pensamiento sobre la virginidad, eso que llaman “lo más precioso que una mujer tiene”. Dicho pensamiento convierte a tu cuerpo, y a ti, en un objeto listo para que otro lo descubra, precisamente un hombre. Porque ellos son los que pueden juzgarte y categorizarte, como apta o no, buena o mala, de casa o de calle. Solo importa tu virginidad mientras que la virginidad de ellos no existe, es más a ellos les exigen tener experiencia sexual, muchas veces inician en eso sin su consentimiento solo porque su padre/madre considera que ya es hora que se vuelva un “hombre”. Sin considerar cómo se siente, porque tampoco se les tienen permitido expresar sus sentimientos sin que ponga en juego su masculinidad. Así de frágil es. El machismo daña a todes provocando personas traumadas por encajar e hiriendo o dañando a los que no quieren seguir lo establecido como “normal”.

Esta sociedad, te hace creer que tu misión más importante como mujer, es cuidar esa virginidad, eso que ni siquiera entiendes, esa palabra que simboliza tantos pensamientos misóginos y machistas. Te hacen creer que la debes de cuidar con todo tu ser porque en esa fina tela está tu reputación y concepto como persona. Tu valor como mujer tiende literalmente de un hilo.

¡Todo esto es indignante! Indignante saber que no solo me paso a mi, que está normalizado y que existen mujeres que impulsan y continúan reproduciendo dichos pensamientos que lo único que causan es culpa, desvalorización e hipocresía.

Creces con un montón de tabúes y cuestionando todos los días tu comportamiento bajo miles de estándares estéticos y sociales con los cuales tienes que cumplir porque te metieron en tu cabeza que tu valor como mujer se resume a eso. Como quisiera hablarle a mi yo de niña y decirme que está bien no ser perfecta, que está bien decir lo que siento, que está bien si no me gusta el color rosado, que está bien si digo que no, que está bien si me defiendo, que esta bien si quiero ser feliz antes que una “buena mujer”.

Nadie me habló de mi cuerpo, nadie me explicó que puedo sentir placer sin sentirme mal. Recuerdo tanto sentirme muy culpable y condenada luego de sentir placer por una masturbación; lloraba pidiendo perdón a una figura religiosa por haber explorado mi cuerpo. Pedía perdón por buscar información sobre sexualidad en internet. Pueden creer

que es ridículo pero el condicionamiento que te hacen a lo largo de tu niñez puede ser traumante y difícil de lidiar. Como me hubiera gustado poder explorarme en el momento debido sin sentirme mal, conocerme, identificar mis gustos y mis disgustos. Me hubiera gustado empoderarme de mi sexualidad y de mi cuerpo mucho antes. Muchas personas piensan que esto significa tener relaciones sexuales con todo el mundo, pero no, empoderar de tu cuerpo significa tomar decisiones que no te dañen, priorizarte, reconocer que te hace bien y que te hace mal, y sobre todo te ayuda a no atormentarte psicologicamente. Estoy muy segura que si la historia hubiera sido diferente, hubiera podido detectar a tiempo cuando me estaban agrediendo. Hubiera podido reconocer ese maltrato verbal y psicológico antes de que me dañara y creará pensamientos destructivos en mi.

Al crecer con tantas ideas machistas y misóginas llegue a darle demasiada importancia a esa palabra “virginidad” que mi primera experiencia automáticamente convirtió a ese hombre en el amor de mi vida, forzando la relación, aguantando desvalorizaciones y faltas de respeto. Aguantaba porque era mi primera vez, porque quien más si yo le entregue “lo más preciado” a él. Cuando al fin pude salir de ese hueco, entré en otro, la presión social y críticas me hicieron darme cuenta que simplemente la sociedad nunca va a entender cómo te sientes, ni siquiera le interesa querer entender. Aprendí que vivir del qué dirán, de tratar de encajar, de cumplir con todos los requisitos para ser considerada “buena mujer” no es vivir, no es ser feliz, es deslegitimar quien eres y qué quieres.

Comprendí que nunca seré perfecta, y que viviré en un constante martirio si trato de complacer todos los estándares impuestos, siempre habrá algo más lo cual no te permitirá ser perfecta pero te obligarán a serlo. Por eso estoy tan agradecida con el universo de haber conocido el Feminismo, el cual me enseño que valgo mucho, mucho más que un concepto religioso puesto para condicionar a los humanos, aprendí que soy mujer y lo más importante es el amor hacia mi, que sentir placer está bien, que conocerme está bien, me enseñó a salir y no volver a lugares tóxicos y lo más importante, me enseñó a que sola estoy completa.

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